Vivimos un entorno cambiante. La forma en la que nos relacionamos, compramos y, en definitiva, vivimos está cambiando. La reactivación económica necesaria después de algunos meses de parálisis e incertidumbre económica ha traído consigo nuevos entornos, también en el ámbito empresarial. Las compañías tienen que adaptarse a unos nuevos hábitos de consumo, a formas diferentes de trabajo… a un nuevo escenario que ha desembocado en comportamientos diferentes y en los que la tecnología está, y debería estar, más presente que nunca. Tal y como destaca Jordi Damià, CEO de Setesca -consultora de Barcelona especializada en mejora de gestión de departamentos TIC, talento y soporte a la implantación de la innovación- y profesor de EADA Business School, “casi nada volverá a ser como antes, el mundo ha entrado en una nueva realidad y la organización empresarial se está viendo afectada”. La realidad obliga a realizar cambios que no pueden esperar. Pero ¿cuales son estas nuevas tendencias? ¿Como debe adaptarse la empresa para anticiparse al nuevo entorno?

Diferentes modelos de relación, la reducción de costes y la necesaria implantación de modelos de comunicación digital definirán modelos mucho más estructurados de relación y de gestión con clientes, proveedores y terceros. Esos modelos estarán más basados en el dato que en la relación personal y, por lo tanto, más allá de la propia digitalización supondrán un gran cambio en la forma de comunicarse. Uno de los cambios más importantes a tener en cuenta por su impacto en los resultados se dará, según Damià, en la gestión de relaciones comerciales. Según él, la mayoría de redes comerciales que hoy se basan en la cobertura geográfica, deberán replantearse esta manera de obrar. También sucederá en la relación con los empleados, donde el teletrabajo cambia la dimensión e importancia de las competencias y habilidades tradicionales. En el nuevo marco, los empleados deberán ser más independientes, más flexibles, más concretos y concisos en su forma de trabajar, y evidentemente las tecnológicos.

Damià asegura que una de las principales tendencias que marcarán esta nueva era será “la flexibilización de las posiciones, en detrimento de la contratación fija de colaboradores”. De esta manera, según él, se potenciará la llamada gyg-economy, es decir, la realización de trabajos esporádicos de corta duración y en los que la persona contratada efectúa una labor específica dentro de un proyecto.  Este modelo de relación laboral constituirá la tabla de salvación de muchos profesionales ahora desempleados, que verán en este modelo profesional una buena alternativa de desarrollo profesional. Por otro lado, la crisis ha impuesto un modelo ágil de gestión organizativa basado en una toma de decisiones rápida, además de la revisión y adaptación constante de los planes estratégicos.

Aparte del aumento del nivel de automatización, las empresas tendrán que ser más flexibles en sus estructuras de costes. “Intentarán recuperar la producción de sus componentes básicos fabricados en otros países. Además, dado el grado de incertidumbre del estado del mercado, desearan conocer a la perfección los nuevos hábitos de sus clientes y de los futuros, e incluso de nuevos proveedores que pueden aparecer”, afirma Damià. Este nuevo marco obliga a la creación de formas de gestión diferentes a las hasta ahora utilizadas, imponiéndose una revisión constante del modelo de negocio y de los procesos más importantes. Para el profesor, “esto impactará directamente en el tipo de perfiles directivos necesarios, en los modelos de toma de decisiones, potenciándose aquellos ejecutivos que sepan entender y aprovechar las posibilidades de la tecnología, aquellos con mucha orientación a la innovación y al mercado, y que sepan adaptar muy rápidamente la estrategia y las estructuras de la empresa a cambios rápidos del entorno”.