Frenar la expansión del coronavirus COVID-19 es cosa de todos. La situación recuerda ahora, salvando las distancias, a la de países en guerra. En guerra contra un enemigo invisible, pero al fin y al cabo con una economía de tiempos de guerra. Con muchas fábricas paradas o a medio gas, el objetivo de éstas es ayudar en la fabricación de mascarillas y ventiladores, nombre coloquial que designa a los respiradores artificiales.

Los autores del proyecto explican que su diseño es escalable “de tal manera que se puede llegar a una capacidad de producción de entre 50 y 100 unidades diarias la próxima semana”.