En febrero de 2020 Arturo Armada acababa de alquilar un local comercial en Granada con el propósito de montar un centro de óptica y optometría. Junto a la venta de gafas y lentes de contacto, su intención era ofrecer nuevos productos y servicios profesionales, como un gabinete de terapia visual en optometría pediátrica y formación especializada, además de convertirse en un centro de referencia. Sin embargo, la pandemia trastocó sus planes, aunque no los abandonó.

Con algo de retraso, pero sin perder ni un ápice de ilusión, a principios de septiembre abrió las puestas  Natural Optics San Juan de Dios. “La verdad es que la noticia del coronavirus, el confinamiento, las perspectivas económicas pesimistas… me han quitado y me quitan muchas horas de sueño, pero desde hace unos días ya estoy abierto al público, se empiezan a generar ventas, a pagar deudas, a conseguir financiación, a culminar mini proyectos dentro de mi sociedad y, de nuevo, me vuelvo a sentir útil, con confianza y ganas de seguir”, nos confiesa este pequeño empresario.

Un giro profesional a los 50

Arturo Armada decidió dar un cambio a su vida profesional en 2018. Hasta ese momento, y desde 2004, había sido copropietario junto a otro socio de un establecimiento de óptica. Tras disolver su relación con la sociedad, busca una nueva salida laboral. “Intenté encontrar trabajo en empresas de óptica pero no recibo muchas respuestas a mis currículums enviados, lo que me llevaba a pensar que mi edad (50 años) empezaba a ser un problema. Fueron meses difíciles”, reconoce.

Desde  2017 es profesor asociado del Departamento de Óptica de la Universidad de Granada (UGR), con un contrato de cuatro horas a la semana, donde da clases de optometría, fundamentalmente prácticas. “Me gusta mucho ejercer la docencia en la UGR y en 2018 hice un curso de Gestión de empresas de óptica que me aportó una visión muy diferente del negocio”.

A partir de ahí constituyó la sociedad limitada Activa Optometristas con el lema ‘pasión por sus ojos’ bajo la que, junto a la reciente apertura de su establecimiento, ejerce otras actividades. Una de ellas es la consultoría y asesoría de empresas de óptica y optometría: “asesoro tanto a nivel técnico como de gestión, y los resultados están siendo positivos porque existe una gran demanda de formación especializada y mentorización”. Además, también trabaja como freelance especializado para empresas de óptica: “les enseño a cribar a aquellos pacientes que les gustaría abarcar pero para los que carecen de formación y les atiendo yo en las propias ópticas”.

La crisis del coronavirus redujo mucho su trabajo en los dos ámbitos, pero poco a poco se fueron reactivando. “Además de retomar el proyecto de la óptica, sigo también con mi tarea como asesor donde ahora trabajo casi todo online y con mis queridas clases en la UGR”.

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