Todo lo que una idea te puede aportar en un momento determinado, puede que acabe volviéndose en tu contra en un contexto de crisis. Es lo que le sucedió a la empresa valenciana Koroko, nacida al amparo del proyecto Lanzadera. Dedicada a la producción de huevos de sabores, había experimentado un interesante crecimiento desde su creación allá por el año de 2016 gracias al gran impacto en el cliente final pero, sobre todo, en el sector de la hostelería.

El cierre de restaurantes y hoteles durante el estado de alarma truncó  la buena marcha de la compañía. «Ante esta situación, sin poder vender a restaurantes, lo cual reducía nuestro volumen de negocio notablemente, teníamos dos opciones: o quedarnos con los brazos cruzados esperando que todo pasara o anticiparnos y buscar soluciones alternativas», explica el CEO de Koroko, Cayetano Belso.

La empresa optó por buscar alternativas. Y esa alternativa llegó de la mano de una nueva estrategia comercial dedicada a suplir la caída de la venta a la hostelería con un incremento de la venta al cliente final. Así fue como Koroko comenzó a contactar con distribuidores para reconducir la situación. «Algunos tenían una actitud derrotista pero a otros les faltó tiempo para dar forma a nuestra idea».

Y esa idea era la de vender packs de 36 huevos, que incluyeran 30 huevos de la marca con la que trabajara la distribuidora en cuestión, y seis huevos de Koroko (huevos trufados). Además, se daba la opción al cliente de que por un euro y medio más pudiera adquirir packs adicionales de dos huevos de sabores diferentes (jamón, queso…).

El primer acuerdo con una distribuidora trajo consigo la posibilidad de «darle un altavoz en redes sociales» y esa promoción trajo consigo nuevos contratos con otras distribuidoras. «Estamos agradecidos a todos ellos porque sin estas distribuidoras no habríamos podido mantener a toda nuestra plantilla», indica Belso, orgulloso de no haber aplicado ningún ERTE durante estos meses.