Días antes de que se declarara el estado de alarma, en el puesto que Jesús tiene en el Mercado Guillermo de Osma, del barrio madrileño de Lavapiés, empezaron a notar que las compras de sus clientes eran más voluminosas de lo normal. Esa fue una de las pistas de lo que vendría después. Cuando se declaró el estado de alarma, la Carnicería Jesús Vicente podía mantenerse abierta, pero decidieron cerrarla porque su propietario pertenece a uno de los grupos de riesgo. Con 68 años sus hijos le convencieron para que bajara la persiana hasta ver cómo evolucionaba la situación.

La carnicería permaneció cerrada un mes. Jesús Vicente trabaja en ella desde hace 40 años y en 2005 pasó a ser de su propiedad después de que sus antiguos dueños se jubilaran. Desde 2010 le acompaña en el despacho de carne su hijo, que ha heredado de su padre nombre y apellido, además de profesión. “Perdimos un mes de ventas para proteger la salud de mi padre, que no solo es grupo de riesgo por su edad también por una operación que le practicaron hace unos años”, nos cuenta Vicente. “A mediados de abril decidimos retomar la actividad, aunque tratando de mantener a mi padre lo más alejado posible del negocio para evitar riesgos”.

En la reapertura mantuvieron el puesto de trabajo del empleado con el que ya contaban antes de la pandemia y Jesús Vicente (hijo) decidió probar otras vías para reactivar la carnicería. A través de una cuenta de WhatsApp Business y de las redes sociales empezó a promocionar su negocio y a ofrecer servicio a domicilio. “Al principio teníamos un horario restringido y solo podíamos abrir de 9.00 a 15.00, así que por las tardes me dedicaba a hacer el reparto de los encargos que recibía con la ayuda de mi pareja, que estaba en ERTE”, relata.

Los buenos resultados obtenidos han motivado que mantenga este servicio a domicilio en la actualidad. Una oferta que no solo ofrece a los clientes habituales, también a los del barrio donde reside (Coslada). “Hemos notado que han cambiado un poco los hábitos de compra y ahora hay más jóvenes entre nuestra clientela habitual. Muchos de ellos no están acostumbrados a hacer la compra en un mercado tradicional, así que les tenemos que aconsejar sobre qué necesitan para preparar algunos platos o cuál es la carne más adecuada según sus gustos”, explica sin disimular su asombro.

Aunque el dueño del negocio sigue siendo el veterano de la carnicería, las ganas de prosperar de su hijo le están dando un nuevo aire. El próximo paso, ya en marcha, es disponer de una página web donde mostrar sus productos y servicios y llegar a más clientela. El más joven de los dos reconoce que a su padre le cuesta ver las ventajas de estos cambios sobre el papel, pero cuando comprueba los resultados no duda de que ha encontrado en su hijo el mejor profesional para dar continuidad a un negocio al que ha dedicado toda su vida.

Fuente: Carnicería Jesús Vicente