Materia prima de la mejor calidad, métodos artesanales y mucha dedicación son las claves del éxito de Anchoas Hazas, una empresa familiar que apuesta por recuperar la tradición conservera asturiana. “Queríamos abrirnos camino en Lastres, un pueblo muy turístico, pero con un negocio del que se pudiera vivir todo el año, no solo durante los meses de verano”, explica Ana Labad, quien puso la primera piedra del negocio junto a su marido, Agustín Fernández, hace ya tres años.

Hoy, el equipo de Anchoas Hazas lo completan ocho trabajadoras, la mayoría mayores de 50 años, que décadas atrás trabajaron en las grandes conserveras que poco a poco fueron cerrando. Y lo hacen de forma totalmente artesanal. “La materia prima es del Cantábrico, donde se encuentran los mejores boquerones para la anchoa”, explica Labad. “Dejamos que la curación se haga sola: metemos los boquerones en cámaras a temperatura controlada para que, lentamente, se vayan curando y convirtiendo en anchoa. Este proceso dura más de dos años”, continúa. Además, soban las anchoas una a una y las secan a mano, con paños de algodón.

Lo que más les diferencia de otras empresas es el proceso final: las desespinan con pinzas y cuentan con una persona dedicada únicamente a enlatar, que da una última revisión a todas las piezas. La diferencia se ha hecho notar: en sus tres primeros años de vida, Anchoas Hazas se ha hecho con premios internacionales como los Great Taste y se ha ganado un hueco en el sector de la producción artesanal.

Fuente: Anchoas Hazas